Hace algunos años, un amigo me repetía constantemente una frase que me quedó grabada justo después de llegar a Barcelona para empezar mi carrera universitaria: “El vivo vive del bobo”. Hoy, tras un largo año de proceso de autoconocimiento, esta pregunta vuelve a mi cabeza. Esa idea, a primera vista tan sencilla, encierra una visión de la vida cargada de cinismo. ¿Realmente es así como funcionan las cosas? Esta pregunta me llevó a una reflexión profunda sobre la naturaleza del ego y la lucha constante entre el bien y el mal, tanto en nuestro interior como en el mundo exterior.
El “Vivo” y el “Bobo”: Una Lección sobre el Ego
La frase «el vivo vive del bobo» se refiere a una dinámica en la que «el vivo» – alguien astuto y oportunista – se beneficia a costa de la ingenuidad o la bondad del «bobo». En este contexto, el «vivo» parece ganar, aprovechando la confianza y la buena voluntad de los demás. Sin embargo, cuando miramos más de cerca, lo que parece ser una victoria rápida puede revelar la trampa del ego.
El ego, ese impulso que busca validación y reconocimiento, es lo que impulsa al «vivo» a actuar con astucia y aprovechar cualquier ventaja. Para el «vivo», la vida es un juego de suma cero, donde la competencia y la manipulación son las herramientas para «ganar». A corto plazo, esto puede parecer una estrategia efectiva, pero la dependencia del ego suele llevar a relaciones superficiales y a una vida de aislamiento, ya que quienes rodean al «vivo» se vuelven cautelosos, creando un círculo de desconfianza.
Por otro lado, el «bobo» – que actúa con autenticidad y empatía – puede parecer menos exitoso en un mundo donde el ego y la astucia dominan. Sin embargo, el «bobo» construye relaciones auténticas, basadas en la confianza y la reciprocidad. Su éxito no se mide en conquistas rápidas, sino en la solidez de sus vínculos y en una vida equilibrada, libre de la ansiedad que produce el ego.

La Batalla Interior del ego sobre el Bien y el Mal
Durante una reciente sesión de preguntas y respuestas con uno de mis mentores, la conversación giró hacia un tema que toca el corazón de esta dicotomía: el bien y el mal. Me di cuenta de que, más allá del «vivo» y el «bobo», existe una lucha interna que todos enfrentamos cada día. En esa sesión, mi mentor me recordó algo esencial: el mal no solo existe fuera de nosotros, sino también dentro. Reconocerlo es el primer paso para no dejarse atrapar por él.
A lo largo de la historia, muchas tradiciones espirituales y filosóficas han descrito la lucha entre el bien y el mal como una constante de la existencia humana. No se trata solo de una batalla externa, sino de una elección que todos hacemos cada día: ¿actuamos desde la luz de la honestidad y la empatía, o nos dejamos llevar por la sombra del ego y el interés personal?
El Bien y el Mal como Estados de Conciencia
Desde una perspectiva más profunda, el bien y el mal no son simplemente etiquetas para describir comportamientos, sino estados de conciencia. El bien es alinearse con el autoconocimiento, la autenticidad, la verdad y la empatía; es actuar desde un lugar de conexión y armonía con uno mismo y con los demás. El mal, en cambio, puede entenderse como una desconexión de esa esencia, una sombra que aparece cuando dejamos que el ego domine nuestras acciones y prioridades.
El «vivo», movido por el ego, opta por la separación y la manipulación, lo que le lleva a un estado de desconexión, donde todo se convierte en un recurso a explotar. El «bobo», por el contrario, actúa desde un lugar de conexión genuina, eligiendo el camino del bien, incluso cuando parece más difícil o menos rentable en el corto plazo.

Mi Reflexión Final
La frase “el vivo vive del bobo” nos invita a cuestionar nuestras motivaciones y el papel del ego en nuestras vidas. ¿Qué ganamos realmente al vivir desde el ego, aprovechando la vulnerabilidad de los demás? ¿Es eso lo que define el éxito? He vivido situaciones extremas, en lugares donde la lucha entre el bien y el mal no era una metáfora, sino una realidad palpable de bombas y disparos. Y por eso tengo claro que mi elección, siempre, será el bien.
Prefiero ser el «bobo» que actúa con integridad, que mantiene la autenticidad y que construye una vida basada en la conexión y el respeto, por encima del beneficio inmediato o de la victoria rápida que promete el ego.Cada día, elegimos entre la luz y la sombra. Y esa elección no solo define quiénes somos, sino también qué clase de vida queremos construir.
Referencias:
Platón: En sus diálogos, Platón aborda conceptos de justicia, la naturaleza del alma, y la idea del Bien supremo. Su obra La República es fundamental, especialmente cuando habla de la naturaleza de la virtud y la armonía en el cosmos.
Immanuel Kant: En su obra Crítica de la razón práctica, Kant desarrolla una ética que, aunque no estrictamente metafísica, examina la naturaleza de la moralidad y la relación del individuo con los principios universales del bien.
Friedrich Nietzsche: En Así habló Zaratustra y La genealogía de la moral, Nietzsche desafía las concepciones tradicionales del bien y el mal, y ofrece una reflexión sobre cómo las interpretaciones culturales de estos conceptos influyen en la voluntad de poder y la individualidad.
Carl Jung: El psicólogo suizo, especialmente en Psicología y alquimia y otros textos, explora el bien y el mal como fuerzas psíquicas dentro del inconsciente, con el concepto de la sombra, que simboliza los aspectos reprimidos o no reconocidos de la psique.
David R. Hawkins: En su libro El poder contra la fuerza, Hawkins habla de cómo los niveles de conciencia afectan la percepción del bien y del mal, y cómo estos principios se reflejan en la vibración energética de las personas.
Mahatma Gandhi: Su enfoque en la no violencia o ahimsa es una reflexión ética profunda sobre el bien, el mal y cómo estos conceptos se manifiestan en nuestras acciones hacia los demás y hacia el mundo.Edgar Morin: Filósofo y sociólogo que aborda la complejidad de la vida humana y la ética desde una perspectiva holística en obras como El método, ayudando a entender el bien y el mal en el contexto de la interdependencia universal.